Sociedad Civil y Gestión Ambiental en América Latina: Campos problemáticos en proceso de reconfiguración

 

 

Danú A. Fabre Platas[8]

Para Martha Beatriz,

convocante siempre.


 

Summary: The document contains a reflection sorrounding the sociocultural processes that have given form to established social organizations from the seventies to the date in the latin american rural territory and whose governing proyects revolve actions articulated with the enviromental management. I intented recognize in these ones the processes of organization and the necessities-demands that congregate them as a grup. With this I look forward provide answers to the presence and contemporariness of the enviromentalist movement and the social subjects that participate in it using concepts like quality of life, poverty, globalization, NGO, territory, among other.

Key words: environmental management; social movements; 

StateSíntesis: El documento contiene una reflexión en torno a los procesos socioculturales que han dado forma a las organizaciones sociales establecidas desde los setenta a la fecha en el territorio rural latinoamericano y cuyos proyectos rectores giran en torno a acciones articulables con la gestión ambiental. Pretendo reconocer en éstas sus procesos de organización y las necesidades-demandas que los congregan como grupo. Con esto busco proporcionar respuestas a la presencia y contemporaneidad del movimiento ambientalista y de los sujetos sociales que participan en él acompañándome en ello de conceptos como Calidad de Vida, Pobreza, Globalización, Territorio, entre otros.

Palabras-chaves: gestión ambiental; movimientos sociales; Estado

1.         A manera de introducción

Toda sociedad deja huellas y en ellas se encuentra la significación de nuestro campo de estudio (y la complicación de aprehenderlo, obviamente).2 El territorio es la síntesis históricamente fechada, cambiante, dinámica, contradictoria, de múltiples determinaciones económicas, sociales, políticas y culturales.

El escenario latinoamericano, como bien sabemos, se muestra como un territorio diverso y difícil de aprehender. Simultáneo a la acelerada acumulación de capitales, al alto grado de desarrollo industrial y de comunicaciones propio de nuestra sociedad posmoderna, enfrentemos cotidianamente una disminución de calidad de vida en la mayor parte de la población mundial. Somos miembros activos de esta aldea global (con sus múltiples particularidades) y, de manera paradójica, somos también una de las regiones que presenta altos indicadores de pobreza extrema en el planeta; situación que se agrava terriblemente en los escenarios rurales y particularmente en algunas áreas indígenas.

Las siguientes líneas tienen que ver con el análisis de dicha complejidad. Inicio explicando por qué no considero a las Organizaciones no Gubernamentales (ONG) un movimiento social y si un sector importante de la sociedad civil que busca facilitar respuestas locales y planetarias a las exigencias de la globalización. Más adelante describo el proceso histórico de la gestión ambiental y su articulación con el binomio globalización vs planetarización, usando como referente el caso de México (asumiéndolo como un referente de este contexto y no como un caso generalizable). Agrego después algunos conceptos que pretenden cobijar la reflexión. En la parte última me centro en la problematización del campo ambiental y del sujeto social, agregando algunas propuestas sobre la posición que debe asumir el científico social frente a los procesos descritos.

¿Por qué hacer este ejercicio teórico a partir del Territorio latinoamericano, cuando en las últimas décadas fue trabajo común en numerosos centros de investigación? En parte porque la reflexión desde un referente empírico concreto posibilita un análisis comparativo. Además, porque un territorio, las identidades y la problemática que lo caracteriza, no puede entenderse como algo dado aquí y para siempre; es una construcción social, un espacio vital en el que los sujetos imaginan y reconstruyen colectivamente sus estilos de vida; una microhistoria, un terruño, una matria -como diría don Luis González y González- sobre la cuál no se ha teorizado lo suficiente. Por otro lado ¿Por qué atender a las ONG vinculados a la gestión ambiental y su trabajo comunitario en un territorio amplio y diverso? ¿Qué son las ONG?

2. Las ONG ¿movimientos sociales?

El ambientalismo en América Latina se interpreta por varios estudiosos como un nuevo movimiento social con múltiples formas de expresión y recreación cotidiana. La pluralidad de formas de expresión pública de los deseos y demandas privadas en un extraño encuentro de lo "tradicional" y lo alternativo, bajo el contexto de una dinámica de mercado, hace difícil generar una tipología de las ONG.Riechman, citado por Fontecilla (1998), localiza algunos rasgos en el ambientalismo que lo muestran como un Nuevo Movimiento Social.4

El autor presenta una lógica que nos puede hacer pensar en las ONG como un movimiento social reciente. Una forma de sociedad civil que nace hace tres décadas, en gran medida porque el Estado se muestra incapaz de resolver los problemas que la población enfrenta y de generar un sentido de vida a ésta. Las cooperativas empresariales, las comunidades religiosas, las organizaciones vecinales, el voluntariado, los grupos ecologistas y las ONG, entre otros, serían producto de este proceso que cumplen fines de unidad colectiva.

Otro grupo de estudiosos, Leonardo Meza (1993) entre ellos, afirman que la coincidencia en espacios, tiempos, intereses y esfuerzos en común hacen que los Movimientos Sociales y las ONG se confundan frecuentemente. V. Toledo (1991b) dice que esto es un debate muy escabroso que se complica desde los orígenes de su denominación; recordemos que ONG es una designación de los Organismos Gubernamentales para señalar a la "otredad", a los ajenos a ellos, a todo lo que ellos no eran, colocando en una misma bolsa elementos culturales, políticos, económicos y territoriales diferentes.Un movimiento social, a diferencia de las ONG, sería aquel agrupamiento amplio, plural y masivo de personas que se organizan con el objeto en común de luchar para resolver algunas necesidades de afectación concreta, directa, a través del método de presión o acción; ubicando a un interlocutor que debe resolver el diferendo y que regularmente es una autoridad gubernamental.

Este movimiento social puede ser coyuntural o permanente y no requiere de personalidad jurídica legal frente a autoridades establecidas, de ordenamientos jurídicos; no requiere necesariamente de estructura administrativa y financiamiento formal, remuneraciones personales en tanto que son sujetos aglutinados para accionar en su propio beneficio. Las ONG hacen una lectura de la realidad y se organizan para actuar con otros. Los movimientos sociales son beneficiados por su propia acción. Pueden trabajar en común con ONG pero su proceso no depende de ellas, participando en momentos como auxiliares de éstos. Las ONG, por su parte, cuentan con varios rasgos que me parecen fundamentales:

1.      Funcionan como puentes articuladores de los organismos gubernamentales y los destinatarios de la acción. Son también los enlaces entre el conocimiento social o popular y el conocimiento científico que tienen otros agentes (como las instituciones académicas, p.e.).

3.      Atienden a casi todos los sectores sociales, teniendo como objetivo a sujetos sociales organizados, con necesidades o intereses gubernamentales no satisfechos.

5.      Tienen un papel fundamental como facilitadores, coordinadores de acciones, que permitan a los Sujetos Sociales resolver el problema concreto que enfrentan.

7.      Promueven en el sujeto social la capacidad autónoma de acciones alternativas y resolutivas, incluida la posibilidad extrema de "llevarlo a la consciencia de todos los terrenos".

8.      Si su papel es bien efectuado, necesariamente deberán desaparecer en algún momento en el que la organización social sea suficientemente "madura" como para desarrollar procesos de autogestión eficientes.

10.       La ineficacia entre un primer proceso de centralización y un segundo de descentralización de toma de decisiones, más que nada en las agrupaciones que desarrollaban actividades diversas en extensas áreas de cobertura y que no previeron la formación de cuadros medios para delegar responsabilidades y autoridad.

2.       Las fisuras internas agravadas por la generación de nuevos "cacicazgos" al interior de las organizaciones y por el desencanto de un proyecto alternativo, de una nueva forma de vida.

3.         Recuento histórico en torno a la gestión ambiental

La preocupación del hombre por su entorno proviene de tiempo atrás. Platón anunciaba las consecuencias graves por el sobrepastoreo y la deforestación, frecuentes en aquellos días. Roberto Malthus afirmaba que la población crecía en forma geométrica y los recursos en progresión aritmética, prediciendo problemas al futuro de la humanidad. En los años 50 los estudiosos del desarrollo y del impacto ambiental concluyeron que el rápido crecimiento demográfico era un problema evidente y la respuesta viable implicaba reducir las tasas de fecundidad. La anticoncepción se muestra como la solución inminente y las "cantidades" de gente suplieron a los seres humanos; pasaron a ser las multitudes el objetivo de los problemas y las políticas sobre población, lesionando sus derechos humanos.

En todas las regiones del mundo en desarrollo las tasas de fecundidad están disminuyendo. Cada año nacen más de 80 millones de personas, concentrándose el 96 % en países como el nuestro. Para 1991-92 el planeta cuenta con más de 5, 500 millones de habitantes y las proyecciones menos dramáticas apuntan que esta población se duplicará en el año 2010; condición preocupante sin lugar a dudas. Sin embargo, la idea malthusiana de que somos pobres porque somos muchos y que, por ser pobres y muchos, impactamos inmisericordemente los territorios y recursos de nuestro planeta, es discutida por décadas; otra idea más reciente es la "capacidad de carga del planeta" y los "límites del crecimiento de la población" (P. R. Ehrlich, 1968).

Considero que el incremento de la población no es la única variable que genera la pobreza, lesiona la calidad de los territorios o afecta los recursos naturales; un problema central es la apropiación, distribución y el consumo desigual de éstos territorios y recursos, sumado a un absoluto desprecio por la preservación de la naturaleza propio del modelo actual de desarrollo, al cual se pueden asociar fuertes procesos de minifundio, fragmentación de la sociedad, nuevos procesos de sobrevivencia, etc. Enrique Leff comentó al respecto (1998) que esta postura del "Boom demográfico" tiene un doble juego: es peligrosa teóricamente porque evita analizar otras razones causales del fenómeno y, además, porque posibilita una falsa política de estado cuyas acciones se orientan al control de natalidad. Lo que se debe discutir aún más, no es solo la cantidad de gente que habita estos lugares, sino sobre todo el modelo de desarrollo que hemos interiorizado desde hace varias décadas. Lo que esta en duda ahora es el tipo de racionalidad en que estamos inmersos global e individualmente. Lo que está de fondo y se plantea en diversos foros, me parece, es un problema serio de condiciones de sobrevivencia, de calidad de vida, de pobreza extrema.

A fines de los cuarenta el gobierno francés en colaboración con la recién fundada UNESCO realizaron el Congreso Constitutivo de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, con el objeto de buscar formas de conservar y hacer sostenible el desarrollo eco-social para el progreso del conjunto de la humanidad; conteniendo la propuesta un sesgo antidesarrollista (idem).

En los 50 con la creación de la ONU y la formación de varias instituciones internacionales se empieza a integrar la reflexión sobre el tema de desarrollo industrial, entorno natural. En los 60 se piensa a la ecología como ciencia y esto marca un hito importante.

En Estados Unidos, el Atlantic Institut reunió en 1960 a los 30 contaminadores más grandes del mundo, sin informar públicamente los resultados. En esta década la discusión sobre la problemática ambiental y sus responsables se remite al diálogo "norte-sur", representado por dos grupos: el Club de Roma, quien postulaba que "el crecimiento poblacional es el problema cardinal de los países en desarrollo" como una variable independiente sin conexión con la estructura económica; y la Fundación Bariloche Argentina, considerando la sobrepoblación como una consecuencia de la pobreza y el desarrollo.

En esta década se presentan también enormes esfuerzos por parte de Estados Unidos por generar proyectos de apoyo al sector social latinoamericano, un tanto para neutralizar los brotes de solidaridad hacia la revolución cubana. Es un contexto de dictaduras militares y, más aún, de reacciones sociales ante ellas. Es justamente cuando se gestan importantes reformas en el escenario rural; un ejemplo es Ecuador y la Reforma Agraria de 1964. La Alianza para el Progreso viene acompañada de los programas de crédito, de apoyo al desarrollo agrícola, de asistencia a los sectores pobres de las pequeñas ciudades. En este país, particularmente, no se puede hablar de organizaciones ambientalistas -la primera organización ambientalista ecuatoriana se presenta en 1968, Fundación Natura- pero si se observan procesos de organización rural en torno al tema de la Reforma Agraria y el desarrollo agrícola.

En este mismo año la Asamblea General de las Naciones Unidas resuelve aceptar la propuesta de Suecia de realizar una conferencia mundial sobre el medio ambiente humano. Dentro de los preparativos, en 1971, se reúnen en Founex Suiza 27 expertos provenientes principalmente de países del tercer mundo que plantean la problemática ambiental como global; proporcionando indicadores que apuntaban en peligro, no solo la calidad de vida, sino la vida misma. En Praga y otros países, durante el mismo año, se van definiendo las causas, las consecuencias y también los conceptos básicos a los que aún ahora nos remitimos con frecuencia.

Es en junio de 1972, en la Primer Conferencia de Naciones Unidas, Medio Ambiente y Desarrollo realizada en Estocolmo donde la degradación del medio ambiente se entiende como un problema de las naciones industriales y ellas deben correr con los gastos", cuestionando por primera vez el modelo de desarrollo económico depredador de los recursos naturales y proponiendo estrategias alternativas. La Conferencia funcionó entonces como un parteaguas donde se hace pública y necesaria la gestión ambiental, donde se institucionaliza, a partir de la consecuencia planetaria de los recursos naturales; reconociendo que el modelo de desarrollo no es útil y que se requieren tareas concretas para refuncionalizarlo.

El concepto de ecodesarrollo,5 como alternativa propuesta por Maurice F. Strong, se presenta en 1973 durante la Primera Reunión del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente. Ahí se afirma que lo central es la gestión racional de los recursos, con el objeto de mejorar el hábitat global de la humanidad y asegura una calidad de vida mejor para todos los seres humanos.

En 1976 la Asociación Mexicana de Epistemología convoca al I Simposium Sobre Ecodesarrollo en donde se plantea pensar la problemática ambiental como una articulación de procesos históricos y discutir las contribuciones de diferentes disciplinas para promover una estrategia ecológica del desarrollo. La Oficina Regional para América Latina y el Caribe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA-ORLPAC) se ha dado a la tarea de celebrar periódicamente reuniones para continuar con esta intensión; otro dinamizador de los espacios de reflexión es el Centro Internacional de Formación de Ciencias Ambientales (CIFCA), promoviendo ambos en 1982 un Seminario sobre Ciencia, Investigación y Medio Ambiente, en Bogotá. Plantean allí abordar la perspectiva ambiental del desarrollo como un proceso de producción y reproducción social, "donde los hombres no sólo intervienen con el valor de su fuerza de trabajo, sino con sus necesidades fundamentales, con sus valores culturales y con sus condiciones de existencia" (Leff, 1986: 17). Cuestionando los posibles reduccionismos del saber.

Todos estos conceptos y formas de abordar al fenómeno cuajaron enormemente en 1987, cuando la ONU nombra la Comisión Mundial para el Medio Ambiente y Desarrollo. En el informe "Nuestro Futuro Común" que presenta Harlem Brundtland, director de la Comisión, se postulan tres principios sinodales que incorporan ambiente y desarrollo económico: i. Que el medio ambiente debe ser entendido como un compromiso global, ii. Que es necesario prever peligros ecológicos y, para ello, se debe considerar la participación de países desarrollados y subdesarrollados, iii. Que es obligado reformular la teoría dominante sobre desarrollo, para superar las condiciones económicas desiguales, conservar el medio ambiente y asegurar la sobrevivencia de las generaciones futuras, esto es, la teoría sobre desarrollo sostenible.

El informe Brundtland se traduce entonces en el lenguaje oficial de gobierno y organismos internacionales para evaluar la situación del planeta, bajo la prospectiva del desarrollo sustentable. García-Guadilla y Jutta Blauert (1994: 8-9) señalan crudamente que el Informe tiene una carga y un valor político-conceptual importante, pero parece sugerir que la solución de los problemas de la humanidad pudiera resolverse con la acentuación del modelo civilizatorio que lo está destruyendo. El concepto es construido allí de manera ambigua, preñado de múltiple significaciones, flexible y adaptable a cada requerimiento. Las tensiones entre crecimiento y viabilidad se resuelven mediante una prestidigitación conceptual. Con el adjetivo de sustentable, pensado más como un requerimiento político en miras al apoyo de financiamientos internacionales (el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, p.e.), no se cuestiona la noción de desarrollo, discusión que en la parte teórica de este documento planteo.

La metodología seguida en la elaboración de este informe propició una fuerte reacción de los países del sur, los países en vía de desarrollo, quienes plantearon que este documento no reflejaba la verdadera situación de dichos países. Se elaboró un documento por estos países llamado "Nuestra propia agenda".

20 años después de la Cumbre de Estocolmo se presenta la Cumbre de Río (1992) que, a diferencia, tomó más de 2 años de proceso preparatorio. Los países del Tercer Mundo intentaron un acercamiento a la problemática de manera conjunta participando en ella más de 140 Jefes de Estados con una publicidad internacional impresionante. El tema ambiental se convirtió en un tema central de los gobiernos, al menos desde la perspectiva del discurso, pero un tema convocado. Por primera vez los presidentes de los países, los organismos internacionales empiezan a hablar de la vinculación directa que existe entre las formas de producción y consumo, y el deterioro del medio ambiente. Se usa en esta reunión el término de desarrollo sustentable, que aparece en la Agenda 21.

Sin embargo, la emergencia articulada y pública de las ONG como un actor generador de opinión más allá de lo privado o local es un rasgo fundamental de esta reunión. Por primera vez aparecen las ONG como un gran bloque dando a conocer sus posiciones, generando sus propias agendas, produciendo una gran cantidad de información técnica para fortalecer sus posiciones, ejerciendo un rol importante de presión e incidieron sobre la reunión de estado. Fue un motivo de encuentro y reconfiguración entre las ONG.

Río +5 (1997) en New York no tuvo la capacidad de convocatoria que su antecesora. Se evaluaron los niveles de ejecución de la Agenda 21 de cada país pero solo 18 de ellos presentaron informes, algunos países del norte de Europa presentaron documentos serios, los japoneses hicieron lo mismo, los EE.UU. no llevaron ningún informe. Lo relevante al caso es que no hubo una participación activa en la reunión de las ONG porque se impidió que entraran a las salas de discusión.

Desde lejos se puede ver un cambio notorio frente a la presencia de las ONG en estos Foros. Se prestó más importancia a los temas vinculados con comercio y medio ambiente, a la valoración económica de los recursos materiales. Se formalizó o legitimó una especie de neoliberalismo ecológico.

A mediados de los 80, la ecología política plantea una vinculación entre la economía política y la ecología, relaciona los modos de producción con el capital natural y ubica a la pobreza como el eje central de la crisis ambiental. Ahora, 10 años más tarde, los debates de la ecología o el ambientalismo se centran en un cuestionamiento a la naturaleza misma de la modernidad y su racionalidad. Esta perspectiva hace que no se reconozca una crisis ambiental única, universal, sino diferentes crisis ambientales, definidas de distintas maneras y frente a las cuales existen distintas respuestas sociales.

4. Globalización vs. planetarización

La globalización, en este marco cronológico, no es un fenómeno científico tecnológico. Es un proceso social consciente en la humanidad, es la permeación de un modelo de desarrollo de una parte del planeta al conjunto haciéndolo dominante. Este proceso tiene una dirección impulsada por las empresas transnacionales, no son los estados quienes directamente orientan tal proceso, y que se articula con la construcción de un mercado mundial bajo la pretensión de convertir a los ciudadanos en consumidores.

Algunos países de América Latina han entrado en procesos de reformas constitucionales, uno de los primeros fue Colombia, luego Bolivia, México y Ecuador con un largo proceso de modificaciones a la Carta Constitucional, acompañado obviamente de reformas que están a la orden del día porque se enmarcan dentro de la famosa ley de modernización, la ley de reducción del gasto público y la ley de privatizaciones.

La lógica de la globalización es una lógica que sacrifica las partes en torno a un todo. La sociedad global se autopretende una sociedad única y por lo tanto implica una gestión homologadora autoritaria de los modos de vida de unos cuantos; condición que conduce rápidamente a una crisis entre el binomio capital-naturaleza, con el alto riesgo de aproximarnos a un régimen ecofascista. Pero lo atractivo aquí no es eso, sino que dicho proceso va generando resistencia, oposición en diferentes escenarios. Se está generando en el planeta un proceso que tiende a convertirse en movimiento, a establecer nexos muy débiles que involucran re-construir el planeta con una visión de, desde y para las partes; un proceso de planetarización en el sentido amplio de la palabra.

La planetarización ocurre a la par de la globalización, pero son dos fenómenos que guardan distancia y se entrelazan; por un lado las transnacionales que estructuran a partir del mercado y por el otro los distintos pueblos, que resistiéndose a este enfoque tratan de crear visiones más integral, y por lo tanto más planetaria. La construcción de una sociedad planetaria, es la construcción de cientos de miles sociedades que se articulan para construir un universo. El juicio contra la TEXACO en EE.UU. que aún ahora tiene Ecuador con relación a la explotación del petróleo en la Amazonía, la pelea que varias ONG ambientalistas enfrentan contra la industria camaronera allí, la participación constante de Franja verde particularmente en Quito y sus propuestas de educación ambiental en población abierta, el caso del municipio de Guamote y la estructura organizativa que de ello se desprende, la Ley Marco de privatización, la Red de municipios del Ecuador y su participación eficiente en las tomas de decisión sobre estas delimitaciones políticas. El caso Chile sustentable y la capacidad de organizar un diagnóstico nacional a través de la consulta con y desde los líderes regionales es otro ejemplo importante.

La característica principal de actuar como contracorriente se opone a algunos elementos estructurales de este modelo de desarrollo; por ejemplo el movimiento ambiental en Chile existe, tiene organizaciones finamente estructuradas, elementos básicos de coordinación, han generado propuestas regionales y nacionales, tiene gente en diversos escenarios públicos y privados que defienden las ideas, pero lo más importante es que actúa como contracorriente de un modelo de desarrollo. El caso de Chile se creó como movimiento social, no como organización no gubernamental, cuando se incrementa el modelo de desarrollo y se acelera la diferenciación social como nunca antes en América Latina.

Todo ello nos hace ver que los procesos se están gestando, no sin serias dificultades. Los nuevos actores de la planetarización en el campo de lo ambiental6 participan en una especie de arena de respuestas o de esistencia. El capital multicultural y pluridimensional, contenidos detrás de la de la tendencia globalizadora, propicia todo un entramado de caminos de comportamiento, de formas de relacionarse y actuar desde lo local y hacia lo planetario. En esta cultura de la globalización tenemos discursos que pueden parecer absolutamente contradictorios. La libre competencia, el libre mercado, la eficiencia en la producción, el aparecimiento del sector público como el sector eficiente, el sector políticamente correcto como el actor principal; pero a la vez al interior de esta cultura de la globalización se presenta la participación social, la participación democrática, el reconocimiento de los derechos de los pueblos indígenas, de las mujeres para decidir sobre su propio cuerpo y sus formas de actuar en la sociedad, de los homosexuales y las posibilidades de apropiarse de espacios públicos mostrando que su preferencia sexual no restringe las potencialidades de ser humano; es decir, dentro de esta cultura hay pequeños reductos que permiten la construcción de propuestas alternas.

Es un despertar de la sociedad organizada y la posibilidad de ejercer presión sobre dicho modelo. Son espacios ganados por estos movimientos de diálogo y resistencia que muestran la permeabilidad del sistema. El movimiento ambiental en Chile existe, tiene organizaciones finamente estructuradas, elementos básicos de coordinación, han generado propuestas regionales y nacionales, tiene gente en diversos escenarios públicos y privados que defienden las ideas, pero lo más importante es que actúa como contracorriente de un modelo de desarrollo. El caso de Chile se creó como movimiento social, no como organización no gubernamental, cuando se incrementa el modelo de desarrollo y se acelera la diferenciación social como nunca antes en América Latina.

Paquera (ADIP), Asociación para el Bienestar Ambiental de Sarapiqui; Asociación Protectora de Arboles (ARBOFILIA), Asociación Ecológica de Paquera, Lepanto y Cobano (ASEPALECO), Fundación de Educación Ambiental (FUNDEA), Asociación de Ecología, Protección y Conservación de la Vida Silvestre; Asociación Ecologista de Cogestión Comunitaria (AECCO), Asociación Conservacionista Monteverde; Consejo de la Tierra; Unión Mundial para la Naturaleza. Oficina Regional para Mesoamérica (UICN-ORMA), Asociación para la Conservación y Manejo de Bosques Tropicales (COMBOS), Asociación Conservacionista Yiski y Club Ecológico Yiski; Asociación Ambientalista y Naturalista Cuaremarpro de Montezuma; Comisión Ciudadana de Gestión Ambiental; Fundación Ecológica de Matapalo (FUNDEECO), Asociación de Consultores para la Integración y Acción Regional (ACIAR), Asociación de Consultores y Expertos para el Desarrollo; Asociación Justicia para la Naturaleza; Asociación Ambientalista Shurakma; Asociación Ecológica "La Gamba" de Golfito; Asociación Palmarena para la Recuperación del Ambiente (APRA), Asociación Ramonense para la Conservación del Ambiente (ARCA), Asociación de Amigos de la Naturaleza del Pacifico Central y Sur (ASANA), Federación Costarricense para la Conservación del Ambiente (FECON), Coordinadora de Organismos no Gubernamentales con Proyectos Alternativos de Desarrollo (COPROALDE), Asociación Centro de Derecho Ambiental y los Recursos Naturales (CEDARENA), Kek"ldi Wak Ka Kuneke -Nosotros Cuidamos Nuestra Tierra (Reserva Indígena Kek"ldi), Consorcio Cooperativo Red Ecoturistica Nacional (COOPRENA), Instituto de la Juventud para el Desarrollo Sostenible (INJUDESO), Asociación BieSon numerosas y complicadamente diversas estas formas locales de actuar. A continuación anuncio algunas de ellas para mostrar tal diversidad, aclarando que no son las únicas ni las más relevantes. En Costa Rica: Fundación Guilombe, Asociación Voluntariado en Investigación y Desarrollo Ambiental(VIDA), Fundación Unión y Desarrollo de las Comunidades Campesinas (FUNDECOCA), Asociación Pro-Desarrollo y Ecología (APDE), Asociación Talamanqueña de Ecoturismo y Conservación (ATEC), Fundación Tierras Unidas Vecinales por el Ambiente (FUNDACION TUVA), Asociación Vivamos Mejor; Asociación de Desarrollo Integral denestar Ambiental de Sarapiqui (ABAS), Asociación Regional Aborigen del DIKES; Colectivo Femenino Rescatando Nuestra Ecología (COFERENE), Asociación para la Defensa de los Recursos Naturales para el Desarrollo Sostenible de la Península de Osa.

En El Salvador: Fundación de Apoyo a Municipios de El Salvador. Programa de Capacitación y Apoyo (FUNDAMUNI/PROCAP), Fundación Maquilishuatl (FUMA), Asociación Ambientalista Amigos del Arbol (AMAR), Fundación Salvadoreña de Comunicación Ambiental (FUSALCA), Fundación para la Cooperación y el Desarrollo Comunal de El Salvador (CORDES), Fundación Amigos del Lago de Ilopango; Asociación Salvadoreña de Conservación del Medio Ambiente (ASACMA), Movimiento Ecológico Salvadoreño (MES), Fundación Centroamericana para el Desarrollo Humano Sostenible (FUCAD), Centro de Educación y Desarrollo Rural (CEDRO), Iniciativa para el Desarrollo Alternativo (IDEA), Salvanatura; Fundación Ecológica de El Salvador; Unidad Ecológica Salvadoreña (UNES), Asociación Montecristo para la Naturaleza y el Desarrollo Sostenible.

En Guatemala: Coordinadora Kackchiquel de Desarrollo Integral (KOCADI), Asociación para la Recuperación, Manejo y Saneamiento Ambiental (ARMSA), Asociación de Padres de Familia Aevala Pro Agua del Pueblo (ADP), Fundación de Defensa del Medio Ambiente de Baja Verapaz (FUNDEMABV), Coordinadora de Proyectos de Educación de Desarrollo Ecológico (COPREDE), Movimiento Guatemalteco de Reconstrucción Rural (MGRR), Agrupación de Mujeres Tierra Viva (AMTV), Asociación Pro Agua del Pueblo (ADP), Centro de Estudios Integrados y Desarrollo Comunal (CEIDEC), Centro de Estudios Mesoamericanos sobre Tecnología Aplicada (CEMAT), Fundación Dolores Bedoya de Molina (FDBM), Asociación Amigos del Bosque (AAB), Consejo de Organizaciones Mayas de Guatemala (COMG), Fundación Defensores de la Naturaleza; Alternativas para el Desarrollo Ambiental (APDA), Asesoría Centroamericana de Desarrollo (ACAD), Grupo de Apoyo Mutuo (GAM), Fundación Agros (FUNDAGROS), Fundación Solar; Centro de Estudios Integrados y Desarrollo Comunal (CEIDEC), Fundación Friedrich Ebert de Guatemala; Asociación Unidad de Desarrollo Integral "La Novena" (UDINOV), Asociación Pro-Defensa del Medio Ambiente (APRODEMA), Asociación Pro-Defensa del Medio Ambiente (APRODEMA), Centro de Estudios Conservacionistas (CECON), Consejo de Instituciones de Desarrollo (COINDE), Fundación Teclena Pro Medio Ambiente (FUTECMA), Fundación para el Ecodesarrollo y la Conservación (FUNDAECO).

En Honduras: Asociación de Promotores de Ecoturismo (APROECOH), Honduras Amigos de la Naturaleza (AMINA), Ecología, Economía, Vivienda, Desarrollo (ECOVIDE), Asociación Reserva Marina Sandy Bay, West End (MARINA), Asociación Hondureña de Periodistas Ambientales y Agro-forestales, Mosquitia Asla Takanka, Unidad de la Mosquitia (MASTA), Fundación para la Protección de Lancetilla, Punta Sal y Texiguat (Fundación PROLANSATE), Organización para el Progreso de Honduras, Comité Vigilante de Tierra; Fundación para la Conservación, Ecología y el Desarrollo Sostenible del Lago de Yojoa y su Cuenca Ecolago; Asociación Departamental de Ecología de Ocotepeque (ADEO), Recursos Apropiados para el Medio Ambiente (RAMAH), Organización para el Desarrollo Hondureño; Centro de Estudios Económicos, Políticos y Sociales (CEPS), Fundación Amigos de La Tigra (AMITIGRA), Red Ecologista Hondureña para el Desarrollo Sostenible (REHDES), Asociación Cultural Popular Hondureña (ACPH), Agrupación de Mujeres Tierra Viva (AMTV), Consejo para el Desarrollo Integral de la Mujer Campesina (CODIMCA), Enlace Sur-Sur en Medio Ambiente y Desarrollo; Fundación Cuero y Salado (FUCSA), Asociación del Medio Ambiente y Rehabilitación Silvestre (AMARAS), Asociación Sureña para la Conservación de la Naturaleza (ASCONA), Programa de Promoción y Capacitación para la Conservación del Medio Ambiente; Fundación para la Restauración Ecológica y Desarrollo de Siguatepeque; Asociación de Desarrollo de Hombres Evangélicos (ADHE), Federación de Organizaciones No Gubernamentales Ambientalistas de Honduras (FED-AMBIENTE), Asociación Hondureña de Renovación Ambiental (AHORA), Asociación Ecológica de San Marcos Ocoatepeque (AESMO), Organización Hondureña para la Defensa del Medio Ambiente (OHDA), Asociación Nacional de Propietarios de Areas Forestales (ANPAF), Maestros Protectores del Medio Ambiente (MAPROMA), Maestros para la Conservación del Medio Ambiente (MACMA), Fundación para el Desarrollo de las Comunidades Cafetaleras (FUNDA-AHPROCAFE), Honduras Siempre Verde; Centro de Enseñanza-Aprendizaje Granja, Los Abuelos (GRANJABUELOS), Alianza para el Desarrollo Rural de Honduras (ALDERH), Educación, Ambiente y Ecoturismo (EDUECO), Instituto Hondureño de Bienestar Rural (INHBIER), Fundación de Ambiente y Desarrollo (Fundación Vida), Katalysis Honduras. Compañeros en Desarrollo; Asociación para la Conservación de la Naturaleza y Desarrollo de Minas de Oro (ACONADEMO), Asociación de Desarrollo Socio-Económico Indígena (BAYAN), Asociación Profesionales de la Educación Ambiental (APEAN), Aire puro voluntarios contra la contaminación; Fundación Ecologista "Hector Rodrigo Pastor Fasquelle"; Amigos Maestros Ambientalistas de la Ceiba (AMAC), Amigos del Ambiente y la Naturaleza; Herencia Verde; Asociación Ecológica "Corazón Verde".

Nicaragua: Centro de Acción y Apoyo al Desarrollo Rural (CENADE), Nicambiental; Fundación Nueva Generación "Fundación para el Desarrollo Socio-Económico de la Juventud"; Movimiento Ambientalista Nicaragüense (MAN), Fundación Nicaragüense para la Conservación y el Desarrollo (FUNCOD).

Panamá: Grupo Ecológico Natural (GEN), Asociación Técnica Pro-Desarrollo de la Pesca Artesanal para la Conservación y Restablecimiento de los recursos Marinos, Unión Nacional de Mujeres Panameñas (UNAMUP), Asociación Conservacionista CARIBARO (ACCA), Fundación para el Desarrollo Sostenible de Panamá (FUNDESPA), Lideres Nacionales para la Conservación del Ecosistema (LI.N.C.E.), Asociación Nacional para la Conservación de la Naturaleza (ANCON), Asociación Chiricana para la Protección Ambiental (ACPPA), Asociación Educativa Pro Ambiente; Federación Ambientalista de Chiriqui; Asociación Rescate y Conservación Ecológica de San Miguelito; Asociación Ecológica Kuna/Programa de Ecología y Manejo de Areas Silvestres de Kuna Yala (AEK/PEMASKY), Grupo Azuero Natural Ecológico; Asociación NAPGUANA (Madre Tierra, en lengua Kuna), Asociación Pro-Desarrollo para el Restablecimiento de los Recursos Marinos y la Pesca Artesanal (APROREMAR), Fundación Natura; Fundación de Parques Nacionales y Medio Ambiente (PA.NA.MA.), Coordinadora Nacional de Grupos Ambientalistas (CONAGRA), Asociación para la Promoción del Saneamiento Ambiental en Comunidad.

5. México, como referente

El movimiento ecologista o ambientalista en México, por mostrar un caso puntual sin la intensión de usarlo como estereotipo generalizador, se presenta como disperso y poco público en los 70. Es hasta la década de los 80 que se comienza a reconocer la existencia de un sujeto político que se diferencia de otros por sus intereses, por sus acciones y por sus proyectos de futuro; es cuando aparece la lucha social por la defensa del medio ambiente bajo, principalmente, la forma de asociaciones civiles.

La coyuntura histórica que da pie al desarrollo de un nuevo sujeto social en la escena política nacional, es tanto la crisis ambiental, como la percepción social de dicha crisis. Se puede considerar a la crisis ambiental (mejor aún, la crisis civilizatoria) como el proceso objetivo que al amenazar la vida humana con todo lo que ello implica: genera formas de organización social, estilos de producción, distribución y consumo, dinámicas culturales y niveles de bienestar social, propicia la necesidad social de subsistir a la catástrofe ambiental (Góngora, 1992: 504).

Una primera experiencia, poco productiva pero pionera al fin, es la formación del Comité de Defensa Ecológica de México con representantes de organizaciones políticas de izquierda y ecologistas. En 1984 la Red Alternativa de Eco-Comunicación incorporó a más de 130 organizaciones ecologistas. Un año más tarde se celebró en la ciudad de México el Primer Encuentro Nacional de Ecologistas bajo condiciones de intensa dinámica social que la explosión de San Juanico (1984) y el sismo de 1985 motivaron. Sin embargo, el gran paso se presenta al encontrar un enemigo común: la puesta en operación de la planta nucleoeléctrica de Laguna Verde en el estado de Veracruz. Esto permitió realizar acciones coordinadas entre diversos grupos sociales y en distintos territorios nacionales e internacionales, dando por resultado el Pacto de Grupos Ecologistas al cual se sumaron más de 50 organizaciones. En ese contexto nace el Grupo de los Cien, con intelectuales, artistas y escritores.

La sociedad industrial en su desarrollo llega a un momento determinado que al utilizar la energía nuclear en su seno nace su contrario y se opone con identidad, con intercambio, con demandas, se produce como hecho significativo. Es una fuerza estructural que se constituye en un sentido opuesto al sentido dominante de un modelo de desarrollo en un proceso social. Su expresión es múltiple. Responde a un hecho significativo, en este caso el peligro que siente la gente con respecto a los accidentes que pueden producirse. Las expresiones públicas (marcha, mítines, denuncias y publicaciones) aún cuando implicaban a una población pequeña, ganaron un espacio en la opinión pública frente a la ineficiencia e ineficacia de las instituciones gubernamentales y al inexistente interés de los partidos políticos; pasando así, de un reclamo ambientalista, a una lucha política. Pese a este momento de efervescencia, la heterogeneidad de los participante logró construir un ecologismo de carácter nacional, articulado y con mayores dimensiones.

El Estado desde 1982 incorporó la preocupación por lo ambiental en su Programa Nacional de Desarrollo (dejando atrás los esfuerzos en materia de salud que en 1972 efectuara la Secretaría de Salubridad y Asistencia, promulgando la Ley Federal de Protección al Medio Ambiente); así se reformó la Ley Orgánica de la Administración Pública Federal y se creó la Subsecretaría de Desarrollo Urbano y Ecología que elaboró el Primer Programa Nacional de Ecología 1984-1988 "con el fin de normar y orientar la política ecológica, pero resultó ambicioso y no pudo ser llevado al cabo en el período previsto". El logro mayor de la SEDUE fue la redacción de la Ley General del Equilibrio Ecológico y Protección al Ambiente en enero de 1988 que "sigue inmersa en las limitantes fronteras con las cuestiones productivas" (Carabias, 1990: 78).

Los esfuerzos por contemplar lo ambiental dentro de las políticas de desarrollo nacional continuaron y es en el Tratado de Libre Comercio en 1993-94 donde se encuentran con tropiezos serios. Los ensayos de Calva apuntan una inequitativa relación de producción y mercado, los documentos emitidos por Greenpace anuncian el riesgo de que nuestro país sea el primer receptor de residuos tóxicos y plantea modificaciones a la Ley Ecológica Nacional (La Jornada, 150994: 18) mas la necesidad de definir una política ambiental útil (La Jornada, 010794: 11), la inoperabilidad de las normas técnicas ambientalistas que realizó el Instituto Nacional de Ecología en empresas altamente contaminantes (La Jornada, 190794: 21), la dificultad reconocida por parte de la Procuraduría General del Medio Ambiente de interpretar la Ley Ecológica, entre otros muchos, propiciaron una respuesta por parte de la sociedad civil, aunque fue menos pública y organizada en comparación a la segunda mitad de los 80.

Estos convenios internacionales (el Tratado de Libre Comercio en México, p.e.) y sus resultantes en la esfera estudiada y en otros ámbitos de la realidad, muestran que en los noventa la cuestión ambiental ha producido su contrario. Desde la perspectiva neoliberal los problemas ecológicos no nacen de la acumulación del capital, sino por no haber asignado derechos de propiedad y precio a los bienes comunes; condición que, en palabras de Leff permitiría ajustar los desequilibrios ecológicos y las diferencias sociales, la equidad y la sustentabilidad.

La naturaleza está siendo incorporada al capital mediante una doble operación: por una parte se intenta internalizar los costos ambientales del progreso; junto con ello, se instrumenta una operación simbólica, un cálculo de significación que recodifica al hombre, la cultura y la naturaleza como formas aparentes de una misma esencia: el capital (Pensado así) las políticas neoliberales habrán de conducirnos hacia los objetivos del equilibrio ecológico y la justicia social por la vía más eficaz: el crecimiento económico guiado por el libre mercado. El discurso de la globalización aparece aún como una mirada glotona más que como una visión holística; en lugar de aglutinar la integridad de la naturaleza y de la cultura, engulle para globalizar racionalmente al planeta y al mundo (Leff, 1996-b:17-20).

La crisis ecológica, dice V. Toledo (1991) refiriéndose más a una crisis de civilización, no se resuelve adoptando nuevas tecnologías, acuerdos internacionales, reajuste en los patrones de producción y consumo. La nueva crisis global planetaria penetra y sacude todos y cada uno de los fundamentos sobre los que se asienta la actual civilización y exige una re-configuración radical del modelo civilizatorio.

Leff concluye el ensayo anterior afirmando que se presenta ahora una confrontación de posiciones, entre los intentos por asimilar las condiciones de sustentabilidad a los mercados de trabajo y, por otra parte, un proceso político de reapropiación social de la naturaleza. El proceso de modernización que estamos viviendo encuentra nuevas formas de división del trabajo. Asistimos, afirma Berlanga (1993), al desmantelamiento de la unidad socioeconómica campesina y, más aún, a un proceso de desarticulación y rompimiento de relaciones sociales y culturales: las de las sociedades rurales de nuestra región. Los campesinos están siendo objeto de una nueva forma de asistencia social pública, disfrazada de participación comunitaria y de esfuerzo solidario para salir de la pobreza.Bajo esta lógica de apropiaciones y encuentros, me parece que se justifica sobre manera la revisión de acciones organizadas por parte de la sociedad civil para pensar y actuar la sustentabilidad.

6. Algunos referentes teóricos

Tengo claro que no existen los observables "puros". Todo observable supone una construcción previa de relaciones por parte del sujeto que investiga. En este sentido, los conceptos anotados a continuación son considerados "abiertos" para poder usarlos como orientadores de lo observable y no herramientas de encuadre a una realidad determinada.

El término Medio Ambiente ha sido largamente discutido. Algunos incluso lo reducen al ámbito ecológico, otros lo separan en ambiente natural y ambiente construido. A reserva de detallar estas corrientes teóricas y sus correspondientes formas de acción, creo conveniente ahora usar el concepto que ofrece Ruiz (1993) de medio o medio histórico, quien lo define como la historia humana comprendida como prolongación y ruptura en relación a la historia natural. Deseo así, desde una perspectiva sociológica, centrar mi atención en el sujeto social como objeto de estudio y no tanto en las transformaciones que la naturaleza sufre por la intervención de éste. Ello no minimiza la descripción del escenario fisiográfico; aquí sólo pondero uno de mis observables.

El medio histórico es la relación contextual de los seres humanos entre sí con su medio físico natural; requiere del trabajo del hombre para ser construido y reconstruido, para tener existencia. En este proceso de transformación del medio histórico por la acción colectiva, señalan Silva y Gualda (1995: 21), se producen bienes materiales, valores, saberes, habilidades, modos de pensar y percibir el mundo, de integrarse con la propia naturaleza y con los otros seres humanos: se produce cultura.

Por otra parte, la preocupación por construir formas alternas de desarrollo basadas en la sustentabilidad no se remiten únicamente a la protección ecológica. "El desarrollo sostenible implica un nuevo concepto de crecimiento económico, un nuevo concepto que brinda justicia y oportunidades a todos los pueblos del mundo, no sólo a la minoría privilegiada" (Meza, 1993: 17). Verlo así posibilita reconocer, además de un proceso susceptible de ser estudiado, la emergencia de una nueva categoría de análisis y, principalmente, la existencia de un nuevo y complicado campo problemático.

Los rasgos que nos muestra la sociedad "posmoderna", dice Lipovetsky (1993), han dado pie a una cultura cuyos signos son claros. Uno de ellos es la intensa pasión por la personalidad; el rompimiento de las reglas racionales colectivas y la expectativa de una realización individual, del respeto a la diferencia (o cuando menos el inicio a la tolerancia).

La exigencia de una mayor calidad de vida es otro signo importante, entendiéndola como una mejora global de bienestar, de respeto al desarrollo de las diferentes facetas de la vida humana y no únicamente como el incremento salarial o una mayor capacidad de adquisición y de confort. El concepto de Calidad de Vida es difícil de aprehender porque no nos remite a un contenido específico y sí se expresa de manera contemporánea como noción cultural y demanda.

Igual que Calidad de Vida, pobreza permite introducirme de manera abierta al análisis de diferentes Campos o Dimensiones de la realidad, de ahí su utilidad. La expresión local de ello se puede percibir a través de los discursos que en las asociaciones civiles promotoras de "lo étnico" o de la gestión ambiental se presentan.

El término pobreza no es sencillo de definir en el marco de la teoría sociológica tradicional, que generalmente lo asocia a grados de marginalidad, condición susceptible de cuantificar y cualificar. Las primeras acciones estatales en torno al problema de pobreza se presentaron, de manera asistencial para un territorio concreto, en la Europa del S. XVI por la presencia de vagabundos y mendigos a quienes despojaban de su forma de vida: sus tierras. El Estado benefactor y su política de ingreso y empleo nace en la crisis mundial de 1929, en el contexto de una pobreza basada en la mercancía y es esta perspectiva keynesiana quien da cuerpo al discurso de desarrollo actual. Antes de la segunda guerra mundial, las regiones colonizadas por Inglaterra y Francia eran consideradas como espacios a civilizar, como materias primas que podían ser usadas sin apropiarse de los hombres o de sus sociedades. Un ejemplo de esta política es la Ley de Desarrollo de 1929.

La pobreza diferencial en las sociedades a una escala mundial se presenta solo después de la segunda guerra mundial y es también cuando se prueba que el ingreso per capita resulta inexacto para mostrar o evaluar las condiciones reales de vida de la población. Es aquí donde emerge la discusión por explicar el fenómeno desde criterios cuantitativos y cualitativos; conteniendo ambos una nueva forma de reduccionismo. En la posguerra los países europeos pierden a sus súbditos coloniales y emerge E.U. como nuevo poder mundial. Los conceptos se modifican –y así las políticas, estrategias y acciones- cambiando el "proceso cultural" por la "movilización económica" con la visión de un nuevo orden global y nuevas formas de hegemonía frente a los diversos territorios.

Harry Truman para 1949 define al mundo como una "arena económica global", asumiendo como modelo ideal de país a E.U.A. y catalogando a todos sus no iguales como subdesarrollados. Los territorios, entendidos como desiguales, se contemplan ahora como objetos del desarrollo y no como espacios de recolección de recursos y preservación cultural. "El destino real de los bienes naturales debe ser encontrado en su utilización económica: todos los usos económicos son un paso más para dirigir el potencial interno hacia esa meta" (Sachs, 1997:13). El binomio Desarrollo/Subdesarrollo se traduce en una herramienta de fe que cobija inicialmente el Estado norteamericano y, más adelante, los intelectuales y la población mundial misma. Desarrollo es aquí la proyección de este modelo de sociedad, pero más como una internalización de esa necesidad en los sujetos –The American way of life- que como una necesidad real.

A fines de los 60 la idea de un desarrollo lineal a través del progreso económico muestra parte de sus contradicciones: los niveles de pobreza a escala mundial se elevan al grado de ser aceptados por los organismos defensores del modelo, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y el Banco Mundial (BM). En 1973 R. McNamara del BM, institucionaliza una reconceptualización del desarrollo, ampliando su campo de aplicación; el desempleo, la injusticia, la erradicación de la pobreza, las necesidades básicas, las mujeres y, finalmente, el ambiente, fueron pronto convertidos en problemas y se volvieron objeto de estrategias especiales. El desarrollo no significaba promover el crecimiento, sino protegerse de él. De este modo se completó el caos semántico y el concepto se hizo trizas (Sachs, op. cit.:14, 15).

La búsqueda de herramientas para erradicar la pobreza y elevar la calidad de vida a través del paradigma cualitativo se experimenta en Inglaterra basado en valores nutricionales: Los pobres absolutos son aquellos que cuyo consumo de alimentos no excede un cierto mínimo de calorías. Reduciendo la compleja realidad de la población mundial a parámetros propios de una descripción animalistica, a reducción de mundos vivos a niveles de consumo de calorías facilita enormemente la administración internacional de ayuda para el desarrollo (Sachs, op.cit: 17) Las necesidades mercantilistas del hemisferio norte codifican aún el manejo del concepto de desarrollo y por consiguiente de pobreza. Wolfgang señala, en torno a esta concepción del desarrollo, que las divisiones binarias como salud/enfermedad, normal/anormal, rico/pobre (agregaría Desarrollado/ subdesarrollado) destruyen la posibilidad de observar en las sociedades la frugalidad que tienen éstas para mantenerse libres del frenesí de la acumulación, asiendo alusión a los territorios mexicanos y sus sectores pobres pero no hambrientos, al prestigio social y sus posesiones; el despojo no solo de sus propiedades, sino de sus formas de vida al arrebatarles sus tierras; la escasez, derivada de la modernización, al restringirles cada vez más la posibilidad de sobrevivir por si mismos en territorios antes de ellos y que ahora perciben como ajenos.

Sin embargo, en el terreno fenomenológico de la sociología de la subjetividad, no sólo el fenómeno sino la palabra misma propicia una serie de elementos que nutren el análisis. Un sujeto social pobre es aquel que sufre carencias múltiples; no sólo de bienes materiales (alimentación, vivienda, salud, empleo, etc.) sino también de bienes no materiales: educación, acceso a la cultura social más amplia, al respeto a su cultura popular y al ejercicio de sus derechos de ciudadano y de ser humano; de ser social. Una sociedad en la que el dominio económico, político y cultural es establecido a través de relaciones disimétricas de poder de unos cuantos sobre otros más numerosos. Una acotación interesante es la siguiente:

Sugerimos no hablar de pobreza, sino de pobrezas. De hecho, cualquier necesidad humana fundamental que no es adecuadamente satisfecha revela una pobreza humana. La pobreza de subsistencia (debido a la alimentación y abrigo suficiente),; de protección (debido a sistemas de salud ineficientes, a la violencia, a la carrera armamentista, etc.); de afecto (debido al autoritarismo, la opresión, las relaciones de explotación con el medio ambiente natural, etc.); de entendimiento (debido a la deficiente calidad de la educación); de participación (debido a la marginación y discriminación de mujeres, niños y minorías); de identidad (debido a la imposición de valores extraños a culturas locales y regionales, emigración forzada, exilio político) y así sucesivamente. Pero las pobrezas no son sólo pobrezas. Son mucho más que eso. Cada pobreza genera patologías, toda vez que rebasa límites críticos de intensidad y duración. Esta es una observación medular que conviene ilustrar (Meza, 1993: 16).

La noción de mejoramiento de las condiciones de vida fue pensada originalmente también con criterios cuantitativos: más prestaciones, más salario, más consumo. Vinculados a la vez a la idea de gradualidad creciente del desarrollo, y a una excesiva centralización de la política como determinante y productora de la buena vida. Tal cultura se afirma en áreas claramente estructuradas. Tradicionalmente la relación entre pacto social y bienestar se sostenía en acciones económicas vinculadas a políticas clientelares; condición eficaz en su momento pero que, ahora, acelera los procesos de "congestión social" y da pie a la exigencia de una reparación entre la política tradicional y los contenidos de la demanda social.

La crisis económica naciente en los setenta y dramáticamente notoria en los noventa alteró tal esquema. Se generó un número mayor de expectativas y una pluralidad de demandas, una fuerte distancia entre necesidades y satisfactores, presentando una menor eficacia por parte de la institución para captar la dinámica de la diversidad y complejidad de demandas, particularmente en lo que se refiere a sus precondiciones culturales de justicia social.

Bajo este contexto, la sociedad contemporánea es cada vez menos armónica. Los grandes generadores de sentido e identidad (la escuela, la familia, la iglesia y otras instituciones o equipamientos colectivos más) han dejado de ser en buena medida los ejes ordenadores de las practicas sociales; se presenta un desencanto frente a las instituciones (Bonfíl Batalla, 1993 y Giménez 1993). Frente a la crisis y a la insatisfacción de expectativas, la calidad de la vida se presenta como una demanda latente. Redefinir las necesidades y demandas es trabajo y fin cultural. En este sentido se puede apreciar una serie de vetas que indican, en forma latente, un "movimiento" de redefinición cultural de demandas e identidades. Todo esto abre un campo enorme de posibilidades de reordenación social, flexibilidad y cobertura jurídicas. De "explosión de diversidades". Justo aquí se coloca la calidad de vida como noción cultural; es decir, como signo positivo de la diversidad, asociable claramente a los procesos de cultura popular que se reproducen permanentemente en diferentes escenarios del país, proceso en donde emergen los movimientos ambientalistas que dibujé antes.7

Es en este contexto de constante dinámica cultural y cambio social que se entretejen los procesos particularizados de las diferentes organizaciones de gestores ambientales, entendiéndolos como sujetos sociales inmersos en un proceso ideológico. Como participantes activos en una estrategia dentro de las estructuras del sector que ejerce al poder, buscando inducir cambios sociales, científicos y tecnológicos para generar las condiciones ecológicas y culturales necesarias a un desarrollo descentralizado, diversificado y sostenido.

La lectura que se hace del "nuevo" sujeto social a partir de la sociología de la subjetividad es abismal, en comparación a las reflexiones teóricas de hace pocos años.8 Este cambio de identidades colectivas nos muestra nuevas formas de retorno a lo alternativo, entre las que se distingue la proliferación de grupos numéricamente reducidos que Maffesoli (1990) definió como neotribialismos.

Las formas particulares de las organizaciones que se asumen una participación, al ser articuladas con las "discontinuidades del contexto", nos muestran un conjunto de identidades desde las cuales difícil pero necesariamente se debe construir una caracterización general de sus rasgos, propuesta ya iniciada por Góngora (1992). Otra característica de este cambio de identidades colectivas es la tendencia a la hipercatectización (que recupera de Devereux); es decir, tener la intensión permanente de imponer al factor ambiental como la dimensión rectora en la vida cotidiana de cada uno de los miembros de la organización.9

El fenómeno de la secularización no puede desligarse de la modernidad y, menos aún, del pluralismo identitario. Asistimos así, parafraseando a Blancarte (1987 y 1991), a una multiplicación de corrientes teóricas y de proyectos que generan la coexistencia en el plano interno de un complejo de organizaciones, favoreciendo la convergencia (tolerancia) y, vale decirlo, la pluridimensionalidad de la identidad misma en el campo de la gestión ambiental.

Las identidades colectivas construidas en este contexto rural latinoamericano se caracterizan por fuertes procesos de innovación cultural. La migración, los cambios tecnológicos, en la producción, las nuevas formas de organización o de intervención estatal, entre otros factores, hacen ver a la población, no únicamente como sinónimo de aculturación, sino también como elementos de sobrevivencia usados de manera estratégica bajo las condiciones que la realidad les muestra ahora. Godeliere, al ser citado por Ramírez (1998: 138-139) anuncia la ausencia de una sociedad pura y "equilibrada"; la noción de equilibrio significa más una regulación de las contradicciones internas y externas del sistema, que la falta de dichas contradicciones. Todo ello representa la existencia de una cultura concreta y compleja.

De esta manera, la cultura en sus dinámicas particulares modifica los significados de sus componentes, conforme lo exija la práctica, las experiencias que dicten sus procesos de adecuación en el devenir histórico. Para que esto ocurra, se requiere de un espacio donde se concrete tal dinámica, dicho espacio es el grupo social que construye cotidianamente una cultura y una historia permanentemente cambiante .

Aterrizando el análisis, el campo de lo ambiental, desde mi perspectiva, sería ese espacio donde se enfrentan instituciones oferentes de bienes e, interactuando, actores sociales que aceptan, desechan o recomponen lo ofrecido. Es una arena, un campo de batalla, lleno de antagonismos en donde las particularidades de las organizaciones estructuran a un colectivo de individualidades y, además, son estructuradas por las singulares demandas de quienes atienden. La autonomía generalizada de la individualización frente al dogma (que no la ausencia de creencia en un proyecto posible, en una utopía, sino el proceso de personalización de la misma), es un rasgo que Lipovetsky (1994) señala como parte de la posmodernidad.

Las situaciones que he señalado en páginas anteriores muestran como algo tangible la existencia de nuevos patrones culturales y sociales en diferentes escenarios regionales y nacionales, condición que me hizo pensar en la existencia o en la gestación de nuevas prácticas, nuevas identidades y, en esta línea de reflexión, de nuevos sujetos sociales. Sade (1987: 7) nos dice que "es en la búsqueda de significados donde la ausencia es definida como carencia y como necesidad y donde ciertas acciones sociales son explicadas como correspondientes a los intereses de una colectividad". Las necesidades, materiales y simbólicas, no son producto exclusivo de condiciones estructurales dadas o de las voluntades de diversos actores sociales, sino de una articulación de procesos, proyectos y acciones que se van retroalimentando y permiten la construcción social de la realidad o de realidades (Berger y Luckman, 1979). Zemelman y Valencia (1993) comentan bajo esta línea que, discutir sobre necesidades reales y sentidas es aquí una reflexión secundaria:

Las necesidades son siempre sentidas; esto es, subjetivamente elaboradas, y siempre responden a necesidades reales -materiales o subjetivas. Son, por lo tanto, reales subjetiva y objetivamente (...) La necesidad, como el substrato más elemental de la articulación entre [...] la carencia, la escasez, y [...] la percepción de las necesidades y las formas de solucionarlas, remite a la subsistencia y a la reproducción social. En este sentido la definición, jerarquización y explicitación colectiva de las necesidades, así como sus formas y mecanismos de resolución, dan cuenta del primado de lo reproductivo, de lo prospectivo, de lo rutinario o de lo innovador y, en último término, de la posibilidad de constitución de los sujetos (Zemelman y Valencia, 1993: 3).

¿Es posible pensar entonces en la identidad como herramienta de búsqueda y no como un modelo a igualar y, acorde con esto, que la "identidad ambientalista" pueda ser entendida mejor como la identidad de nuevos sujetos sociales diversos a través del factor ambiental? Antes de ello, ¿es posible que a través de esta práctica se encuentren (Des)-construyendo un proyecto de vida alternativo? ¿Democrático? Me parece que el campo ambiental presenta condiciones para ello.

Un comentario más para cerrar este apartado. La democracia, el poder y la identidad son herramientas conceptuales que quiero articular con la definición que presento del Campo de lo Ambiental. En este sentido, la democracia se traduce como una forma de sociedad que es expresión del espacio público, del estar con los otros, un proyecto colectivo nacido de los imaginarios sociales. Este, más que un modelo político, sería la vía que permita a una colectividad tomar conciencia de sí misma.

Cesar Cancino (1998) en esta línea apunta que una democracia parte de varios presupuestos, con los cuales estoy de acuerdo: Uno de ellos es considerar a la sociedad como el espacio público por excelencia, el lugar donde los ciudadanos, en condiciones mínimas de igualdad y libertad, cuestionan y enfrentan cualquier norma o decisión que no haya tenido su origen o rectificación en ellos mismos; el segundo coloca en consecuencia a la esfera pública política como el factor determinante de retroalimentación del proceso democrático y como la esencia de la política democrática, y se opone a cualquier concepción que reduzca la política al estrecho ámbito de las instituciones o del Estado; el tercero, en conexión con lo anterior, concibe al poder político como un espacio "vacío", materialmente de nadie y potencialmente de todos, y que sólo la sociedad civil pude ocupar simbólicamente desde sus propios imaginarios colectivos y a condición de su plena secularización; y sostiene, finalmente, que la sociedad es por definición autónoma y fuertemente diferenciada, por lo que la democracia se inventa permanentemente desde el conflicto y el debate.

 

La democracia sería entendida entonces como un dispositivo histórico, como la creación histórica de una sociedad colectiva consciente de sí misma.

 

4. A manera de conclusión

La idea o planteamiento central en este trabajo es que el sujeto social que participa en acciones y organizaciones ambientalistas está construyendo una forma nueva o alternativa de ordenar su vida cotidiana, nueva para él (como estilo de vida) y para el espacio donde habita (como organización social); participando y perteneciendo activamente en la construcción de su quehacer y en la concepción de un mundo; se encuentra inmerso en la búsqueda permanente de un orden distinto, de transición entre lo que Desea Ser y lo que Es efectivamente.

El problema de Lo Ambiental me parece que es en este proceso un escenario herramienta en donde se encuentran y discuten diversos sujetos sociales, no únicamente las estrategias de solución a condiciones ecológicas adversas; sino también, las formas de reorganizarse en torno a las causas del mismo proceso, de definir y transformar sus modos de vida, de modificar sus relaciones sociales, de participar en los espacios y tomas de decisión, de orientarse hacia nuevas formas de acción democrática a partir de atender lo ambiental. La gestión ambiental la entiendo como un factor procesual de carácter esencial que puede facilitar elementos teórico-metodológicos útiles a estos sujetos en la búsqueda de un cambio.

En este sentido, la cultura que se va gestando en este nuevo escenario se traduce en una vía para ese cambio, es proceso que va de un pasado-presente deteriorado hacia un presente-futuro prometedor; de construcción de identidades a través de la propuesta adoptada. Cabe aclarar que dicha adopción contiene la posibilidad de conocer, recuperar, recomponer y/o rechazar lo que las organizaciones ofertan y no sólo a escoger una opción contenida en el abanico de posibilidades del campo de la gestión ambiental, asumiéndola como totalidad y dando paso no a una realidad, sino a realidades en un sentido de pluralidad multidimensional; de intensas dinámicas culturales y fuertes cambios sociales.

Finalmente, bien lo señaló Martha Nussbaum y Amartya Sen (1996), el modelo de justicia social y libertad que nos han impuesto maximiza los bienes materiales y no contempla otro tipo de valores necesarios dentro de la vida social; bloquea repetidamente las formas de decisión e impugnación que la sociedad civil pueda construir. ¿Cuál puede ser la posición del "científico social" frente a este caos civilizatorio? Se me ocurren algunas ideas que a continuación anoto:

·         Así como la realidad es plural, las formas de acercamiento del científico social al Campo de la Gestión Ambiental debe ser diverso y complementarios, pero sobre todo no aislado en el sentido individual y disciplinario.

·         El científico social debe sumarse a la construcción de un Objeto de Estudio poco atendido por la sociología, participando en calidad de analista de los procesos locales y nacionales que observa; proporcionando elementos teóricos y metodológicos que faciliten el camino de los intelectuales preocupados por esta problemática.

·         Debe, además, ser un facilitador de la información que concentra a través de los procesos de socialización que la población, como sociedad civil o actor social, desarrolla cotidianamente; aprovechando todo espacio informativo que tenga a la mano para difundir los datos que durante los procesos de investigación está construyendo (sin caer en un terrorismo ambiental)

·O pensamento do novo paradigma entra em cena na política educacional pelo reconhecimento da interconectividade dos problemas que não podem ser compreendidos isoladamente. Ela exige, uma visão sistêmica (...) da realidade. Impõe a tarefa de substituir a compartimentação por integração, desarticulação por articulação, descontinuidade por continuidade, tanto na parte teórica quanto na práxis da educação (Moraes,1997:85).

Partindo do pressuposto de que o sistema educacional constitui um instrumento determinante na relação recursiva entre a organização humana e as visões de mundo a Educação e as principais questões com que se deparam as sociedades humanas contemporâneas, incluindo-se a problemática ambiental, deve ser analisada não só no enfrentamento das mesmas, mas principalmente nas origens dessas questões. (...) A educação deve ser considerada pelo seu papel fundamental no processo de construção de novos estilos de desenvolvimento para as sociedades humanas que levem ao enfrentamento efetivo das suas principais questões (...) A educação passa a ser compreendida como sujeito das transformações sociais e culturais (...) e considerada a partir de uma perspectiva integrada e recursiva.

O autor propõe que a construção de um conhecimento integrado possa ser utilizado como o elo entre a Educação sujeito de transformações e a Educação objeto de mudanças. O conhecimento integrado é entendido neste contexto como sendo o conhecimento da integração mais do que a integração do conhecimento que tem sido empregada como objetivo na maioria das abordagens sobre a interdisciplinaridade. O conhecimento (percepção e compreensão) da integração pode fornecer a base para a construção de visões de mundo integradas, que alimentem atitudes e comportamentos fundamentados em considerações relacionais no tempo e no espaço: históricas, prospectivas e ambientais. Como consequência, as atividades humanas individuais e coletivas poderão dar origem a organizações humanas baseadas na solidariedade e participação, de modo a superar a exploração e a alienação.(Moraes 1999, p. 6-7).

A necessidade de um "conhecimento integrado surge da constatação de que vivemos num mundo complexamente organizado devido ao emaranhado de interações entre os seus componentes fisco-químico-biológico e humanos.(...) que conferem um caráter dinâmico caracterizado por contínuas transformações, determinando a ocorrência de flutuações, bifurcações e instabilidade em todos os níveis". (Moraes, 1998: 38- 41).

Se por um lado, a visão reducionista que considerou o mundo físico-químico-biológico e cultural fundamentada no paradigma mecanicista produziu avanços científico-tecnológicos imensos, por outro, alienou o ser humano da natureza e de seus próprios semelhantes. Produzindo uma distribuição desigual de recursos naturais e culturais. Esse paradigma tornou-se tão implícito e "natural" que a maioria dos seres humanos o aceita inconscientemente e considera suas múltiplas manifestações como expressões da própria natureza humana.

Porém, "a pesquisa do mundo atômico e subatômico estilhaçou todas as principais convicções da visão cartesiana/newtoniana de realidade. (...) As partículas subatômicas não fazem nenhum sentido, a menos que sejam estudadas como eventos integrados em um todo dinâmico unificado" (Pike e Selby, 1999:49).

O tudo como um todo: recriando o saber e o entendimento de um ser humano complexo e global

Morin em os "Os sete saberes necessários para a educação do futuro"(2000) apresenta a idéia de que existem "sete vazios" profundos, sete temas fundamentais que são ignorados, ocultados ou desintegrados em fragmentos e que deveriam ser analisados antes de apresentar propostas para um sistema educativo.

O primeiro vazio, é o conhecimento: Todo conhecimento comporta o risco do erro e da ilusão. O maior erro seria subestimar o problema do erro; a maior ilusão seria subestimar o problema da ilusão. O reconhecimento do erro e da ilusão é ainda mais difícil, porque o erro e a ilusão não se reconhecem, em absoluto, como tais. E, isso deveria ser ensinado a todos os cidadãos. É necessário ensinar quais são as fontes de erro e de ilusão, que na realidade são fontes sociológicas, culturais e biológicas. É preciso criar uma sinergia entre as diversas fontes de aprendizagem para a sensibilização dos problemas mais importantes que encontram-se no cotidiano.

O segundo grande vazio é o do conhecimento pertinente: no mundo ocidental ou ocidentalizado, aprende-se que o modo predominante de conhecimento se fundamenta na separação de disciplinas, cujo método experimental toma o objeto, separa-o do meio natural e examina-o em um meio artificial. Separa também, o conhecimento do objeto do conhecimento.O verdadeiro problema é o seguinte: para separar o sujeito do objeto do conhecimento, as disciplinas/temas/matérias dos objetos, é preciso aprender a uni-los. O conhecimento deve ser integrado em seu contexto para ser verdadeiramente pertinente. É preciso situar tudo em seu contexto, em sua globalidade, porque afortunada ou desafortunadamente nos encontramos neste planeta onde tudo é interdependente. Necessita-se um conhecimento capaz de unir as parte ao todo e o todo as partes, porque não são somente as partes as que podem causar perturbações. Esse é o conhecimento pertinente, cujos princípios é necessário ensinar.

O terceiro vazio, é algo que surpreendentemente não se ensina em nenhuma parte de maneira fundamental: o significado de ser humano. E, o que é ser humano? A condição humana está desintegrada. Encontra-se algo de psicologia humana na Psicologia, algo de sociedade humana em Sociologia e algo de biologia humana na Biologia, porém todos esses conhecimentos se acham dispersos. Para ensinar a condição humana há que se mobilizar todas as ciências, compreender a cosmologia, já que se está em um pequeno planeta do universo. É preciso mobilizar as ciências da vida e da evolução, que ensinam como a humanidade tem saído da "animalidade". Necessita-se a contribuição das ciências humanas, pois a Psicologia nos indica o caminho enquanto indivíduos, a Sociologia como seres sociais. A história como pessoas com um destino integrado na história humana. A tudo isso, se deve integrar e agregar os aportes da Literatura, da Poesia enfim, das Artes, para que cada um descubra sua própria verdade. Todo desenvolvimento, verdadeiramente, humano significa o desenvolvimento conjunto das autonomias individuais, das participações comunitárias e do sentimento de pertencer à espécie humana.

O quarto grande vazio está ligado ao precedente, trata-se da identidade terrena como cidadãos da Terra. A humanidade tem vivido o que chama-se hoje de globalização ou mundialização, que a interconecta e a une em um destino comum. Cidadãos da mesma pátria que é a Terra e possuem a mesma identidade humana, resultado de um processo evolutivo.Conhecer a identidade terrena é essencial para manter a paz no planeta. Deve-se inscrever, a consciência antropológica, que reconhece a unidade na diversidade; a consciência ecológica, isto é, a consciência de habitar, com todos os seres mortais, a mesma esfera viva (biosfera). Reconhecer nossa união consubstancial com a biosfera conduz ao abandono do sonho prometéico do domínio do universo para nutrir a aspiração de convivibilidade sobre a Terra; a consciência cívica terrena, ou seja, da responsabilidade e da solidariedade para com os filhos da Terra; a consciência espiritual da condição humana que decorre do exercício complexo do pensamento e que permite, ao mesmo tempo, criticar mutuamente, autocriticar e compreender mutuamente.

O quinto vazio é saber enfrentar as incertezas. As ciências ensinam muitas certezas, mas não ensinam que existem também inúmeros campos de incerteza. Não fala-se de uma incerteza absoluta, pois com o mundo da microfísica, percebeu-se que nas ciências utiliza-se determinações para obter certezas que permitem enfrentar incertezas. É necessário aprender estratégias para enfrentar as incertezas. Estratégias que permitam ser capacidades de encarar e modificar o inesperado à medida que encontra-se novas informações. Fazer frente às incertezas é ponto fundamental para o ensino. Tudo que comporta oportunidade comporta risco. O pensamento deve reconhecer as oportunidades de risco como os riscos das oportunidades. O surgimento de uma criação não pode ser conhecido por antecipação, senão não haveria criação. A história não constitui, portanto, uma evolução linear. Conhece turbulências, bifurcações, desvios, fases imóveis, êxtases, períodos de latência seguidos de virulências. À visão do universo obediente a uma ordem impecável, é preciso conhecer a visão na qual esse universo é o jogo e o risco da dialógica (relação ao mesmo tempo antagônica, concorrente e complementar) entre a ordem a desordem e a organização.

O sexto vazio é a compreensão: quando deseja-se a paz na Terra segundo a expressão "paz na Terra aos homens de boa vontade", dá-se conta que, no fundo a boa vontade não é suficiente enquanto não se tenha a vontade e a capacidade de compreender os semelhantes. É necessário estabelecer um diálogo entre as culturas. Há duas formas de compreensão a compreensão intelectual e a compreensão humana intersubjetiva. Compreender significa intelectualmente apreender em conjunto comprehendere, abraçar junto - o texto e seu contexto, as partes e o todo, o múltiplo e o uno-. A compreensão intelectual passa pela inteligibilidade e pela explicação, enquanto a compreensão humana intersubjetiva inclui necessariamente, um processo de empatia, de identificação e de projeção. Sempre intersubjetiva, a compreensão pede abertura, simpatia e generosidade.O último vazio é o que se chamaria de a ética, a antropo-ética, ou a ética do gênero humano,entendido como a esperança na completude da humanidade, como consciência e cidadania.

Exige uma "reforma do pensamento" que poderá acontecer por meio do pensamento complexo capaz de estudar a complexidade que é a união entre a unidade e a multiplicidade.

Aprender a aprender o seu processo de criar: a exigência de uma "nova" matriz curricular

A educação compreendida como um sistema aberto, dinâmico e complexo, implica a existência de processos transformadores que decorrem da experiência, algo inerente a cada ser humano e que depende da ação, da interação e da transação entre sujeito e objeto, indivíduo e meio. Significa também, que tudo está em movimento, é algo que não tem fim, em que início e fim não são predeterminados. Cada final, significa um novo começo, um (re)começo, crescimento em espiral. Exige movimento contínuo, requer diálogos, interações, nada é linear e está sempre em processo de vir-a-ser, do que ainda não é.

Nesse sentido, o currículo é algo em constante processo de negociação entre educadores, educandos e instâncias administrativas. Emerge da ação do ser humano com os outros, com o meio. É datado, situado num determinado tempo e espaço. É currículo em ação, flexível, aberto ao imprevisto, ao inesperado, ao criativo, ao novo... que incentive "o trabalho de pesquisa e investigação científica (...), desenvolva o entendimento do homem e do meio em que vive; suscite o desejo permanente de aperfeiçoamento cultural e profissional(...), estimule o conhecimento dos problemas do mundo presente" (Lei das Diretrizes e Bases da Educação Nacional- LDB nº 9.394/960, artigo 43).N


Em outubro de 1998 aconteceu em Paris na Sede da UNESCO, a Conferência Mundial sobre Educação Superior que aprova a Declaração Mundial sobre Educação Superior no Século XXI. Dentre os debates temáticos foi realizada uma discussão sobre como "Preparar um futuro Sustentável: ensino superior e desenvolvimento sustentável" – que tem por objetivo reforçar o papel possível do ensino superior na preparação das novas gerações para um futuro viável. O documento analisa as novas noções de desenvolvimento sustentável, assinalando que se trata de uma evolução das relações entre os sistemas e os processos sociais, econômicos e naturais. Através dessas inter-relações, defronta-se com um grande desafio: como conciliar o progresso econômico e social com apreservação dos sistemas mundiais de manutenção da vida. Esse desafio recoloca o papel que as universidades e o conjunto dos estabelecimentos de ensino superior podem cumprir para sensibilização dos problemas em jogo. É primordialmente, para eles, um estímulo para que se tomem iniciativas, projetem-se cenáriosúteis para o futuro e se faça, uma conscientização, cada vez maior de problemas e soluções por meio de seus programas de ensino. Será em função de sua capacidade de estabelecer uma cooperação flexível entre as disciplinas e colaborar com as instituições não universitárias
que as universidades poderão reorientar seus programas de pesquisa. Finalizando, define-se uma estratégia para ser futuramente implementada, fazendo a indicação de seis atividades-chave destinadas a eliminar a separação entre teoria e prática (ideais e realidade), para preparar as próximas gerações para um futuro viável. (1998: 20 -51).Buscando sistematizar o conjunto de reflexões, propostas, encaminhamentos jurídico-institucionais e contribuições acumuladas nos Fóruns de Graduação, o ForGRAD (Fórum de pró-reitores de Graduação das Universidades Brasileiras) elabora em maio de 2000, o texto - O currículo como expressão do projeto pedagógico: um processo flexível - com o objetivo de oferecer diretrizes gerais e subsídios para a formulação de propostas curriculares mais flexíveis capazes de promover a dinamização do ensino de graduação, integrando a multiplicidade de experiências e saberes que hoje consubstanciam o aprender.

O ForGRAD elaborou e aprovou o Plano Nacional Graduação (PNG em maio de 1999), que estabelece princípios para nortear as atividades de graduação e apresentar diretrizes, parâmetros e metas para o seu desenvolvimento. Um desses princípios refere-se à autonomia universitária que, contextualizada no âmbito da graduação, traduz-se na "possibilidade de apresentar soluções próprias para os problemas da educação superior e não reproduzir fórmulas pré-determinadas". As soluções vislumbradas dizem respeito a "experimentar novas opções de cursos e currículos", ao mesmo tempo que alternativas didáticas e pedagógicas são implementadas" (ForGRAD, 1999:8).

Ao qualificar a autonomia nesses termos, essa é trazida para o campo da liberdade e flexibilidade curricular e pedagógica (...) na qual, a pluralidade e diversidade resultantes das múltiplas experiências são percebidas como fatores de enriquecimento e dinamização do sistema educacional. (ibid, p.9). Os processos de diversificação e flexibilização curricular decorrem portanto, do exercício concreto da autonomia universitária, e devem encontrar seus limites tanto nos Projetos Pedagógicos quanto nos mecanismos de Avaliação Institucional.

Em uma sociedade que se caracteriza por crescentes transformações e inovações tecnológicas e na "perspectiva do homem que se emancipa – ao relacionar-se com a ciência e a técnica, não como fim em si, ou para si, mas como específica, e determinada, de agir e interagir no mundo – coloca-se a necessidade de uma relação com o conhecimento que incorpore a historicidade de sua elaboração, os contornos epistemológicos e, os impactos exercidos sobre a sociedade e a cultura. (...) Para tanto, é necessária a construção de uma razão crítica (...) que possibilite evitar a fetichização do mundo da técnica e da ciência, incorporando-as como elemento importante, mas não único, no diálogo do homem com a realidade". A partir da (re)conciliação entre o sujeito e o objeto, será possível superar dialeticamente a aparente exterioridade do homem em relação ao conhecimento que ele produz. Assim, "a flexibilidade desponta como elemento indispensável à estruturação curricular de modo a atender tanto às demandas da sociedade tecnológica moderna quanto àquelas que se direcionam a uma dimensão criativa e libertária para a existência humana (...) sendo condição necessária à efetivação de um projeto de ensino de qualidade". (p.10-11).

De acordo com Veiga (2000:1), "trabalhar com projeto pedagógico significa trabalhar em um "terreno"cujas definições estão no processo de construção, e nesse sentido, muitas vezes surgem dificuldades em objetivar "o que é" e "como" se dá o processo de ensino-aprendizagem. (...) O projeto é uma antecipação (pro significa antes). A palavra vem do latim projectu, particípio passado do verbo projicere, que significa lançar para diante. É dirigir-se para o futuro, é lançar-se na direção do possível. Relaciona-se com o devir, no qual o futuro deve orientar e conduzir nossa ação presente. "É a exploração de novas possibilidade e vontades humanas, por via da oposição da imaginação à necessidade do que existe, só porque existe, em nome de algo radicalmente melhor que a humanidade tem direito de desejar e por que merece lutar" (Santos, 1997:323).  

Nesse contexto, a universidade deve ter clareza que a sua autonomia não é estabelecida somente dentro dos "muros" universitários. Responsável pela sua própria existência, deve resgatar sua função social dentro de novas conjunturas sociais, culturais, políticas e econômicas. Isso leva a (re)definir o projeto de política nacional para que ele possa assegurar uma produção científica baseada nas expectativas da sociedade, que realmente seja capaz de indissociar o ensino, a pesquisa e a extensão porque, conhecer e pensar não é chegar a uma verdade absoluta, mas dialogar com aquilo que ainda não é.

É preciso pois, aprender a conhecer, a separar e unir, analisar e sintetizar ao mesmo tempo. É preciso um conhecimento em movimento, que vai das partes ao todo e do todo às partes. É aceitar o convite formulado por Blaise Pascal há três séculos atrás: "Uma vez que todas as coisas são causadas e causadoras, ajudadas e ajudantes, mediatas e imediatas, e todas estão presas por um elo natural e imperceptível, que liga as mais distantes e as mais diferentes, considero impossível conhece as partes sem conhecer o todo, tanto quanto conhecer o todo sem conhecer, particularmente, as partes".

Esse "convite ao pensamento" leva à compreensão do paradoxal papel da universidade: ela tem ao mesmo tempo, um caráter conservador, regenerador e gerador dos saberes, idéias e valores culturais. Ela tem de aliar o passado e o presente, o particular e o geral, o especulativo e o prático, a rotina e a criação, o científico e o senso comum, o individual e o coletivo. Tem de constituir-se sobre uma unidade plástica e coerente – uma filosofia -, que possibilite adequar-se às necessidades da sociedade contemporânea e realizar sua missão de conservação, transmissão, produção e enriquecimento do patrimônio cultural da humanidade. Assim, o que lhe importa é a atualidade, a universalidade, a autonomia, a flexibilidade, a comunicação plena com tudo o que permanece vivo na cultura e a convicção da historicidade do ser humano que se realiza no tempo, no processo social.

O papel social da universidade é organizar os conhecimentos, por meio de uma síntese na qual cada especialidade tenha o seu espaço no contexto geral da matriz curricular não apenas se justapondo umas às outras, mas interligando-se pela consciência de sua integração e pelo intercâmbio das idéias que dão vida ao meio universitário. É promover o encontro do educador e educando no espaço da consciência interrogativa.

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Se a educação é a arte de "tomar partido" no complexo infinito de muitas possibilidades que cercam a existência individual e coletiva do ser humano, é preciso investir na capacidade reflexiva do sujeito. Tomar a sua experiência e a examinar criticamente, conectando-a com outras experiências, reexaminado-as à luz das experiências de todos os sujeitos e à luz de teorias que fundamentam as ações humanas. É "desaprender coisas por demais sabidas, e re-sabê-las – re-saboreá-las" (Assmann,2000:68). É construir e desenvolver um currículo em ação .

Isso aproxima educador e educando, objeto do conhecimento do objeto de ensino. Essa aproximação constitui o cerne do processo pedagógico. Delors (1999) aponta que o processo educativo deve organizar-se em torno de quatro aprendizagens fundamentais: os pilares do conhecimento.

Essas quatro aprendizagens se articulam com as formas de ensinar, sendo portanto, necessário ensinar o educando a: aprender a conhecer, aprender a fazer, aprender a conviver e aprender a ser. Essas quatro aprendizagens é que se transformam nos pilares do projeto pedagógico e fundem-se em apenas um, tendo em vista que elas são interdependentes e interligadas.

Ensinar a aprender a conhecer está diretamente ligado ao princípio epistemológico. Por meio da interdisciplinaridade e contextualização, esse tipo de aprendizagem propicia o domínio dos próprios instrumentos do conhecimento. O educando aprende a compreender o mundo que o rodeia. Delors esclarece: "Este tipo de aprendizagem que visa, não tanto a aquisição dum repertório de saberes codificados, mas antes o domínio dos próprios instrumentos do conhecimento, pode ser considerado, simultaneamente, como um meio e uma finalidade da vida humana" (ibid, p. 90).

Ensinar a aprender a fazer está direcionado para a estética da sensibilidade que deverá substituir a padronização e a repetição. A estética da sensibilidade estimula a criatividade e o espírito inventivo de identidades capazes de suportar a inquietação, a conviver com o incerto. O espaço-tempo de sala de aula é projetado para acolher, expressar a diversidade dos alunos e oportunizar trocas de significados. Não exclui outras estéticas próprias de outros tempos e lugares. O aprender a conhecer e o aprender a fazer são indissociáveis.

Ensinar a aprender a conviver está ancorado no princípio filosófico da política da igualdade. Sem dúvida, essa aprendizagem representa um dos maiores desafios da educação. Ela tem como ponto de partida o reconhecimento dos direitos e deveres humanos e o exercício da cidadania. Visa, ainda, o acesso dos bens culturais ao bem comum, o protagonismo dos instituintes, à responsabilidade e o combate a todas as formas discriminatórias. Aprender a conviver, inspiradora do ensino de todos os conteúdos curriculares deve, acima de tudo, ser praticada.

Por último, ensinar a aprender a ser expressa-se pelo princípio da ética da identidade, no sentido de buscar superar dicotomias entre o mundo da moral e o mundo da matéria, entre o público e o privado para construir identidades sensíveis, incorporando a solidariedade, a responsabilidade e o compromisso como elementos articuladores dos atos na vida profissional, social, civil e pessoal. (ibid, p. 90-102).

O que importa é conceber a educação como um todo, compreender a complexificação do mundo e essa perspectiva deve inspirar e orientar as reformas educativas, tanto no nível da elaboração de programas como no da definição de novas políticas pedagógicas.

Segundo Petraglia (1995), "a dificuldade do pensamento complexo é justamente ter de enfrentar a confusão, a incerteza e a contradição e, ao mesmo tempo, ter que conviver com a solidariedade dos fenômenos existentes em si mesmo. Tal qual o humano é um ser complexo, pois concentra fenômenos distintos e diversos capazes de influir em suas ações e transformar-se, sempre, assim também é o conhecimento." (p.14)

A diversidade está na base do conhecimento. Reconhecê-la, permitirá que se sensibilizem variados canais para o entendimento da vida e do real, acessando múltiplas possibilidades interpretativas e proporcionando uma visão mais totalizante do sujeito e de suas relações com o mundo. Ao mesmo tempo, a diversidade viabiliza a ampliação dos referenciais de questionamento, pois nenhuma teoria é completa ante a complexidade humana e da práxis, muito menos neutra perante as relações homem-sociedade. É, por isso, que o critério de validade das teorias no trabalho docente só se pode dar perante o real, o concreto, o cotidiano do trabalho pedagógico, ponto de partida e de chegada das reflexões dos professores.

Nesse sentindo, a complexidade da problemática ambiental " implica uma revolução do pensamento, uma mudança de mentalidade, uma transformação do conhecimento e das práticas educativas, para se construir um novo saber, uma nova racionalidade que orientem a construção de um mundo de sustentabilidade, de equidade, de democracia. (...) Aprender a aprender a complexidade ambiental implica uma nova compreensão do mundo que problematiza ios conhecimentos e saberes arraigados em cosmologias, mitolodias, ideologias, teorias e saberes práticos que se encontram nos alicerces da civilização moderna, no sangue de cada cultura, no rosto de cada pessoa" . (Leff, 2000:196).

Do ponto de vista didático, a idéia de um projeto pedagógico fundado na malha imaginária com rede de sentido dos indivíduos, dos grupos, das culturas, da forma de organização social, sugere um ponto de partida para encarar a variedade de visão de meio, de necessidades e de interesses. O conhecimento do ambiente vai além do entorno que compõe a própria natureza, abrangendo todo o patrimônio cultural e o uso que dele se tem feito e que se faz.

Desse modo podemos entender que a "educação" ambiental revela-se como uma contribuição filosófica, um ato político calcado na opção por valores que levem à transformação e a necessidade de saber o que para os seres humanos constituem prioridades no seu modo de vida, seus interesses, seus desejos, suas motivações, seus direitos de viver dignamente. As complexas relações sociais tornam multidimensionais os conflitos já existentes, fazendo com que esse conflitos não possam mais ser vistos, unicamente, como crises ambientais ou problemas ecológicos. Eles agora, passam a ser encarados como um problema de outra ordem – a busca de outras formas de organização social.

A "educação" ambiental está no espaço de vivência cotidiana, na luta por casa, comida, educação, saúde, prazer, por vida digna, pelo direito à vida que não prescinde de deveres, na (re)invenção do Estado, na força da coletividade organizada e na leitura do cenário macro-estrutural, na tarefa do "agir local consubstanciado no pensar global"

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